Crónicas del Reino

 



I
Todo el camino hasta la ciudad es ladrado por perros. Los conozco a todos y no me gusta ninguno, ni yo a ellos. Tienen razón en odiarme, y sin embargo es precisa la extinción de los perros en su totalidad. Después, despojados de esa ficción de utilidad, podemos empezar a hablar de otras liberaciones. Un gesto.

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